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La memoria colectiva de los habitantes de Chile Centro Sur es rica en relatos sobre la quila y el colihue en flor, relatos que anuncian la llegada de épocas de sequía, escasez de alimento, aumento de ratones, enfermedades e incendios forestales (si cree que exageramos, pregunte a sus abuelos por la última vez que esto sucedió).

Las quilas y colihues (Chusquea sp.) son bambúes nativos de Chile, que habitan en diversos ecosistemas desde la zona central hasta la Patagonia austral, entre la costa y la cordillera de los andes. Algunas especies forman parte del sotobosque, acompañando a otros arbustos y hierbas bajo los bosques de Nothofagus (Ej: Coihue, Raulí, Hualle), otras especies en cambio crecen como plantas trepadoras en los bosques de la selva valdiviana, e incluso existen especies que logran vivir a los pies de los volcanes en la cordillera de los Andes, sobreviviendo las extremas condiciones del invierno en la montaña. 

Quilas y colihues en diferentes habitats.

Esta gran versatilidad hace que las quilas y colihues sean plantas muy abundantes, fácilmente reconocidas por los habitantes del territorio nacional, sin embargo, hay un aspecto de su vida que trae consigo grandes problemas para la salud y vida humanas: nos referimos a su reproducción. Como la mayoría de las bambúes, las quilas y colihues se reproducen principalmente de forma asexual, a través de rizomas subterráneos que originan nuevos brotes en primavera, pudiendo vivir hasta 70 años de esta manera. Pero cuando la planta lo estima conveniente, se da inicio a un proceso irreversible que acaba con su vida, ya que estas especies solo pueden generar semillas una única vez. Así, al llegar a la madurez sexual, los bambúes nativos se sincronizan para generar cientos de flores de color rojizo que contrastan con el verde y amarillo clásico que los caracteriza, estas flores se polinizan por viento y tras un año se transforman en miles de semillas que luego de unos cuantos veranos darán origen a una nueva generación.

Flor de Chusquea sp. 

Espiga con semillas de Chusquea sp. 

Mientras esta nueva generación aun no germina, el gran volumen de semillas es aprovechado por la fauna local, miles de roedores se alimentan de ellas y tras un par de semanas la población de ratones puede alcanzar cifras preocupantes. La memoria popular llama a estos eventos “ratadas” y en cada relato oral y escrito del que se tiene registro, se cuentan como cientos y hasta miles de ratones devoran todo a su paso: las cosechas se desvanecen, los alimentos escasean e incluso la ropa se vuelve comida para ratón. Pero las ratadas traen consigo un riesgo aun mayor, que amenaza la vida de todos nosotros, ya que uno de los roedores que inevitablemente aumenta su población es el Ratón de Colalarga (Oligoryzomys longicaudatus), principal vector de transmisión del mortal virus HANTA. El año pasado, un año con poca floración de Quilas y Colihues, se registraron 55 casos de contagio de este virus en Chile (fuente: Minsal), imaginen lo que puede suceder los próximos dos años, donde el actual escenario muestra, de forma preliminar, que el florecimiento de estas plantas está ocurriendo de forma sincrónica entre las regiones del Maule y Los Ríos.

RATÓN de colalarga

Ratada en argentina

Quisiéramos decir que el aumento de ratones es la única preocupación que genera la Quila y el Colihue en flor, lamentablemente no es así. Tras morir toda la biomasa de estos bambúes representa un material altamente combustible, y por el tipo de crecimiento que presentan estas plantas, si llegan a incendiarse el fuego se propagara rápidamente. Año tras año, los incendios forestales consumen cientos y hasta miles de hectáreas de plantaciones y bosques nativos, poniendo en riesgo la vida humana y de todos los ecosistemas naturales y productivos. Situación que lamentablemente se agudiza en el actual escenario de sequía y cambio climático por el cual atraviesa nuestro país.

Grupos de riesgo de la #quilaenflor

La floración sincrónica y posterior muerte de Quilas y Colihues es un evento natural único, que en el mejor de los casos solo ocurre una vez en la escala de vida humana, lamentablemente está ocurriendo hoy, y en el futuro próximo traerá consigo grandes riesgos que amenazarán la vida silvestre, la salud de los ecosistemas y por supuesto la salud de la población, principalmente de campesinos/as, trabajadores/as agrícolas, trabajadores/as forestales, recolectores/as y turistas, que son los más expuestos a contagiarse de virus HANTA y ser afectados por los incendios forestales.